Foto a quién corresponda.

Cuando el famoso guerrero y luego emperador Gengis Kan montado sobre su caballo Tug (Tormenta) se acercaba con su ejército asolando territorios a su paso, conquistando y agrandando su imperio, era sencillo distinguir a sus jinetes. Cada soldado iba montado en pequeños y veloces caballos de poca alzada, robustos y extremadamente fuertes pero además, y es este dato el que los volvía únicos, cada jinete iba rodeado de una manada de caballos salvajes, que como si fuesen perros vagabundos de una jauría, seguían los pasos de cada corcel.

Foto a quién corresponda.

Esta “abundancia” de equinos, allá por el siglo XIII en tiempos de Gengis Kan, ha perdurado siglo a siglo y se mantiene hasta la actualidad en las lejanas tierras de Mongolia. Ocurre que este es uno de los países más despoblados del mundo, con 3.027.398 personas, esto es 2 habitantes por kilómetro cuadrado. Pero valga la aclaración, estamos hablando de personas, porque en cuanto a caballos se refiere el número muy elevado, ya que supera los 3.000.000. En otras palabras, hay casi la misma cantidad de caballos que de gente.
Especialistas y científicos afirman que los caballos de Mongolia son los más antiguos del planeta. Surgidos del prehistórico caballo Przewalski o también del Tarpan (caballo salvaje europeo) perduraron en el tiempo y crecieron en número gracias a su robusta contextura física. Son bajos, aunque no son ponis, poseen patas cortas y sus pezuñas grandes son tan resistentes que no necesitan herraduras.
La mayoría de estos equinos viven en un estado salvaje o semi salvaje, totalmente adaptados a las difíciles condiciones ambientales del desierto de Gobi que los somete a temperaturas de 30º C en verano y de -40ºC en invierno. Es así como son capaces de galopar sin descanso hasta 10 km en busca de alimento, comer nieve o hasta cavar para encontrar pasturas, sin necesidad de ingerir alimentos proporcionados por los humanos tales como avena u otros suplementos.

Caballos de Mongolia… siempre ausentes en las listas de los equinos más estéticos y elegantes del mundo. Sino busquen ahora, hagan la prueba y el “ciber espacio” les dirá que no hay espacio para estos caballitos petizos y panzones. Y sin embargo…a la belleza…a esa palabra tan subjetiva y antojadiza como los ojos que establecen sus cánones, hay que buscarla en otras cosas: en su fuerza, en su espíritu indomable y en sus infinitos deseos de sobrevivir.

Ana Singh.
(Escritora-Historiadora)

Comentarios

Comentarios

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Protected with IP Blacklist CloudIP Blacklist Cloud