Foto a quién corresponda.

¡QUE CABALLO NOS PERDEMOS! ¡Y TODO POR NO TENER CONOCIMENTOS NI RESOLUCIÓN PARA MANEJARLO! – Plutarco-

Una historia siempre cautivante fue la de Alejandro Magno y su caballo Bucéfalo de color azabache, con una estrella blanca en la frente y cabeza en forma de buey, de ahí su nombre.

Según argumentan era impactante por su elegancia y bravura.

Dicen que dicen… Alejandro Magno fue el militar más grande de la historia, construyo un enorme imperio y nunca perdió una batalla. Estaba acostumbrado a guerrear desde muy joven y fue rey desde los veinte a los treinta y tres años.

Según la leyenda le pidió al rey de Macedonia, su padre, un caballo de Tesalia porque eran estos los mejores caballos para la guerra. Así llego a él el famoso Bucéfalo.

Cuenta la historia que Bucéfalo se asustaba de su propia sombra, entonces Alejandro le giro la cabeza hacia el sol, cegándolo y de un salto lo monto, ese fue el momento donde todos los presentes aclamaron  y cuando dio una vuelta con facilidad y soltura, fue su padre quien lloró de gozo y besándole la cabeza, luego que descendió le dijo:

-¡Hijo mío, busca un reino igual a ti, porque en la Macedonia no cabes!-

Dicen que dicen… que Bucéfalo sólo se dejaba montar por Alejandro, tal fue el cariño que este tenía por su caballo, que cuando murió a los 30 años, Alejandro fundó una ciudad en su nombre y la denominó Bucefalia.

Pero intentar hablar de Alejando y su caballo en estas páginas, sería demasiado temerario, casi como el binomio extraordinario que fueron ellos dos,  ya que se ha escrito mucho y hasta se ha filmado la historia con gran éxito en la taquilla.

Para más información recomendamos leer el relato de Plutarco, en su libro Vidas Paralelas: Alejandro y Cesar.

Lo que si podemos contar es que la equitación en tiempos de Alejandro no era tan rudimentaria como se cree, ya que Alejandro era lector de Jenofonte, oficial del ejército nacido en el 434 a. C.

A él se le atribuyen los primeros conceptos de la doma con buen trato a los caballos, el castigo innecesario y el estimulo del premio. En esa época se montaba sin montura, con piernas estiradas y las rodillas bajas, los pies con los dedos apuntando hacia abajo. Se quería tener entonces, el mayor contacto con el animal a través de las piernas.

No podemos soslayar esta historia para hacer una verdadera y profunda referencia a la importancia que significa tratar de entender  cómo se comunican los equinos y la importancia que esto refiere a la hora del encuentro entre caballo y jinete.

Diego Tavicco.

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