A partir de la segunda mitad del siglo XIX la industria del carruaje en Argentina llego a ocupar un lugar muy importante. En la época floreciente de nuestro país, todos los maestros de Europa vinieron a trabajar acá, incluso algunos carroceros llegaron a tener sucursales en París. Se reconocen como los mejores modelos los ingleses y franceses, la variedad de los mismos es enorme… dice Carlos, que a pesar de llevar más de treinta años en este oficio, aún hoy se sigue sorprendiendo de los modelos que encuentra en sus recorridas por las estancias. En algunos casos es llegar y encontrar más de diez carruajes en una misma estancia y no es una colección, sino que cada coche tenía su utilidad y su uso, además estaba mal visto usarlos para otras cosas. Existían los que eran para mujeres, para niños, los de parque, deportivos, de ciudad y cada uno se diferenciaba por los diversos materiales correspondientes a su fabricación.

¿Siendo un elemento que data de tanta antigüedad, trabajar en ellos requiere de informarse… de qué forma?
-La restauración de los carruajes tiene mucho que ver con el arte. Todos tienen épocas y en cada una el carruaje fue evolucionando, una de las maneras de determinar el modelo y el origen del coche… están directamente ligado al diseño de los mismos. Todo lo referido a las tallas, los adornos, las volutas, la decoración en general son los detalles que te dan las pautas para poder clasificarlos.-

¿Todos los carruajes pueden ser restaurados?
-Solución tienen todos, una cosa es restaurar y otra reciclar algo que está destruido. Lo primero que hay que evaluar es si la forja es de calidad, si es un coche de marca que valga la pena trabajar… es decir que no termine siendo más caro el collar que el perro.

¿Cómo se resuelve el tema de repuestos o piezas faltantes?
-Si está completo el herraje siempre es mejor. Suelo comprar muchísimos carruajes destruidos para usar de repuestos y lo que falta se hace. A diferencia de Europa que con las guerras todo fue a parar a la chatarra para fundición, acá aún se pueden encontrar carruajes totalmente apolillados pero con el chasis intacto, a partir de ahí se reconoce el modelo, trabajo con fotografías, hago una cuadricula a proporción en papel de calcar para ir fabricando todo lo necesario.-

¿Hicieron carruajes desde cero?
-Sí. Por ejemplo la Galera que restauramos para el museo de Tapalqué, es la que atan en la Asociación Criolla el Día del Gaucho. Fue un encargue de UPCN y cuando la traían en el carretón municipal, estaba tan apolillada que al llegar se desplomó. Hubo que hacer pieza por pieza, la estructura es toda de cuaderna de madera, como se hacían antiguamente los barcos. Hicimos casi un trabajo de arqueología hasta sacarle las medidas y a partir de ahí… se fue haciendo.-

¿Vale decir que el taller donde trabajan es integral?
-Nosotros hacemos la carpintería, la tapicería, la herrería, la pintura… todo. También fabricamos las replicas de los faroles, teniendo el privilegio de ser los únicos en la argentina que hacemos este trabajo.-

Este trabajo está directamente ligado a la pasión por el arte y sus culturas. El sentido de conservadurismo es tan importante como la paciencia por el detalle, el respeto de las épocas y el porqué de los usos y costumbres de cada uno de los carruajes de la historia toda. Carlos de Cabo sabe de lo que habla y sus trabajos hablan de lo que sabe. En cada una de sus restauraciones se pueden observar el sello de su clase, elegancia y calidad.

Diego Tavicco.

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