En los cursos de capacitación me ocupo de intentar hacer conciencia acerca del proceso terapéutico. Para mí no se basa en cumplir con diferentes teorías que hablan de cómo abordar a “una patología” y con esto no quiero decir que no sean importantes las mismas…muy por el contrario. El secreto está en “RAZONAR” cada paciente que nos llega. Más allá de lo que pueda o no padecer una persona es un individuo como cualquier otro que se encuentra en un entorno que lo modela, que pasó por diferentes experiencias que lo construyen y convive con importantes relaciones vinculares que lo reconocen.

En este proceso, lo creativo es el motor para llegar a un buen trabajo terapéutico. El terapeuta sea del área que sea ya viene con conocimientos incorporados…deberá ser el comunicador de ese conocimiento y transformarlo de acuerdo a la necesidad del paciente que tiene frente a él. En ese momento se pone de manifiesto ese proceso creativo donde la síntesis del conocimiento del terapeuta con la capacidad de observación de la necesidad del paciente y la incorporación del entorno como facilitador, logran construir la escena dinámica y motivadora para que un proceso terapéutico sea transformador.

Desde esta perspectiva la observación es el eje fundamental a la hora de intentar “razonar” un proceso terapéutico. Saber cómo llega el paciente es una información global de cómo puede o no facilitar nuestra sesión; cómo por ejemplo: Nano, un paciente nuestro si baja del auto por la puerta trasera, entonces vamos a poder tener una linda sesión…ahora bien, muchas veces Nano baja por el baúl del auto… eso nos muestra que debemos abordar la misma con más atención y contención. Daré otro Ejemplo con un jinete ya montando: los jinetes que tienen desorden sensoria, al montar y acompañar el ritmo del trote o del paso de caballo se regulan y logran fijar la mirada, decir una oración mas continua o lograr un juego simple. Por otro lado tienen menos tolerancia para sostener en un tiempo prolongado el ritmo del animal, por lo tanto, el fastidio, las leves ojeras en la mirada o la dispersión nos pueden estar contando su cansancio.

Por último es muy importante capturar la imagen final al bajar del caballo. Poder encontrar en el andar de cada paciente, o en la postura en general desde qué lugar se transformo a partir del proceso terapéutico nos informará como planificar la continuidad del tratamiento. Por ejemplo, un jinete que llega caminando en puntas de pie y al finalizar su sesión realiza unos pasos pisando el talón (habla de un muy buen trabajo de organización motora). Un jinete que llega corriendo, ansioso y con todo su cuerpo echado hacia a delante, si baja y puede quedarse parado al lado del caballo para ofrecerle una zanahoria (habla de un muy buen trabajo de organización senserio – emotiva). Si llega un jinete sin poder parar de hablar y contar todo lo que le pasa y describe todo lo que va haciendo… y baja del caballo pudiendo mirar a los ojos para querer entender lo que se le dice…ha conquistado el poder de la escucha… (Habla entonces de un muy buen trabajo en la organización del área del pensar).
Tomamos este ejemplo desde la mirada metodológica que despliega el proceso terapéutico de Fundación Al Reparo.

Guadalupe Gómez.
Más información y consultas: informes@alreparo.com.ar
www.alreparo.org.ar Tel: 011-47439936

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