La artesana Patricia Calderón cuenta sus comienzos como telera, el día a día de su maravilloso oficio y reconoce: “Siento que no puedo estar un día sin agarrar los hilos al menos un poquito”. Un mundo de colores y dibujos.

Al telar llegó, casi, por casualidad. Aunque muchos aseguran que en verdad existen las causalidades, quizás el destino de Patricia ya estaba escrito allá por 2001, cuando en la fiesta del Cahuane de Capitán Sarmiento se arrimó a la feria de artesanos para aprender sus primeras enseñanzas. “Le dije a mi hermano que me anotara en un taller de alfarería, pero en esa oportunidad no habían ido los profesores, por lo que finalmente me inscribió en telar. Y así empecé”. Simple, así también lo cuenta ella a 20 minutos de haber terminado una de las rondas de mate compartidas en su casa de Merlo.
En realidad su pasión por los hilos la lleva casi innato, en la sangre mejor dicho. “Cuando iba al campo en Córdoba, mi abuela ya a los 5 años me tenía con el crochet. Adónde fuéramos de vacaciones siempre llevaba una aguja e hilos”, recuerda.
Durante sus primeros años como telera se dedicó a los “regalitos y las chucherías. Mientras, iba aprendiendo las otras técnicas y haciendo algunos trabajos que me habían encargado”. Fue en 2004 cuando conoció a Jorge Marí, su gran maestro, y al poco tiempo ya se animó a dar rienda suelta a su artesanía: “Desde ahí no paré de hacer fajas, cintos y ligas para botas de potro”. Y es que verdaderamente no paró, porque según cuenta, “se te va un pedacito de vida en cada pieza, hay días de mucho trabajo. Llega un momento en que no tenés tiempo para nada, porque siempre querés seguir otro poquito, a cualquier hora”.

Pasión artesana
En el detalle, la precisión y el buen gusto, en eso se basa el trabajo de Patricia Calderón. Hay prendas que pueden llevarle 20 días y otras un mes y medio. Justamente, los encargos los toma con bastante tiempo de antelación y a la vez agradece, porque “trabajo hay por suerte” y lo seguirá haciendo mientras le den “las manos, los ojos y la fuerza”. Los dibujos dependen en parte del gusto del cliente y también de su conocimiento y su inspiración. “Muchas veces me terminan diciendo que lo haga a mi criterio”, se ríe. “Trato de mantener los colores más sobrios posibles, que tienen que ver con el tradicionalismo. Uso hilo macramé para fajas y cintos, y para ligas de potro y algunos cinturones el perle. Me gusta más el macramé porque es más fácil encontrar colores, y también más fuerte y confiable para el manejo de la tensión. El perle es muy delicado, queda muy vistoso y bonito, pero me quedo con el macramé. iImaginate si se llega a romper después de semejante trabajo…!”, reconoce.
Pero el resultado final vale la pena. “Me da mucha alegría la devolución de los clientes”, explica y admite que en cada pieza pone mucho de lo suyo: “Me encanta lo complicado, y como quiero cada vez hacer cosas más difícil después uno no se conforma con nada. Después cuando está terminada la pieza, uno ve lo lindo que quedó. Es algo que me gusta, que siento que no puedo estar un día sin agarrar los hilos al menos un poquito”, cierra, y renueva la tanda de mate.

Pablo Noto.

“Trato de mantener los colores más sobrios posibles, que tienen que ver con el tradicionalismo” (Patricia Calderón)

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