Diego García Alonso nos recibió en su centro ecuestre Equitación Campera. Recordó sus comienzos, la enseñanza de su abuelo Lucio y la importancia de dejar su huella en la doma. “Los caballos me han dado todo”, cuenta.
El caballo tiene que confiar en el hombre. Eso explica Diego García Alonso, quizás lo mismo que le fió su abuelo cuando le inculcó su pasión por los caballos, a los cinco años. Lucio era un hombre bien campero nacido en Trenel, La Pampa, se dedicaba a marcar y castrar animales y tenía una virtud: “Hacía bien todas las tareas rurales”. Así lo recuerda Diego en las oficinas de Equitación Campera, su centro de entrenamiento y cuidado de caballos de rienda. Ese tiempo, su niñez, quedó marcado a fuego para él, que hoy asegura que domar es como “tener a su abuelo vivo, en la espalda”.
También corregir animales le hizo ganar experiencia desde muy joven. “Aprendí mucho, porque se compraban caballos que se disparaban, que se empacaban o que no doblaban”, reconoce. Por eso, explica que hay que “encontrarle la vuelta, es como un rompecabezas. Cada vez que uno agarra un caballo nuevo, que es lo que tiene esto de lindo, es buscarle su lado flaco y poderle entrar. Siempre por las buenas porque es la única forma en que se consiguen cosas”.
De eso se trata su oficio, su vida. “El caballo me dio todo. Desde conocer a mi señora, o gente como Norberto Fontana (corredor de Fórmula 1), con quien uno ha hecho amistades. Considero que soy un agradecido todos los días de poder tener este trabajo y vivir de ello”, opina.
Quizás por eso cuando recuerda a Lucero le brillan los ojos. Fue un caballo que domó de pibe, con el que enlazaba en el medio del campo “sin freno, sin nada en la boca”. Sin embargo a los 18 años debió venderlo por necesidad a cambio de una buena suma de dinero que luego invirtió en su primer 0 kilómetro. “Pero realmente me di cuenta que no era feliz, me faltaba el caballo. Por eso con el tiempo lo busqué y lo volví a comprar”, cuenta. Hoy Lucero lo acompaña, según ratifica, hasta el fin de sus días.

Las competencias
La historia de Diego García Alonso comenzó en las pruebas de mansedumbre. Luego trabajó 12 años en el Hipódromo Argentino de Palermo como coordinador del Departamento Hípico y también llegó a ser Starter Oficial del Hipódromo de San Isidro. En su haber tiene ganados tres campeonatos nacionales de rienda y el Freno de Oro de la Asociación Criolla Argentina.
Las competencias tienen un lugar muy importante en su vida. A los 15 años participó con un caballo tostado y tuvo una meta a alcanzar: superar la destreza de Tito Tamola. “Era un referente para mí, un hombre muy auténtico”, cuenta y agrega que también tuvo “la suerte de competir con Polito Ulloa”, uno de los domadores más prestigiosos.
“Cuesta mucho preparar un caballo para la alta competencia y hacerlos triunfar. Los que más recuerdos son a Caruso, un bayo; a Cabeza, un tordillo mestizo de 620 kilos, que fue realmente excepcional, con un carácter bárbaro, muy ágil. Era un caballo de campo que traté de pulirlo y llegó a competir y ganar. Fue en 2007, un recuerdo muy lindo porque fue la primera vez que un vicepresidente entregó un premio en La Rural, que en ese momento fue Daniel Scioli. Después tuve a Huinca Silencio, colorado, muy bueno, con el que gané en 2010. Este año vamos a volver a competir con un caballo gateado, de un amigo José Citrino, ya que clasificamos en Pergamino a fines de mayo”.

Para disfrutar
Equitación Campera se ubica en General Rodríguez. La idea del centro arrancó con la doma y realizando correcciones de vicios de caballos, pero “a la gente le empezó a gustar el predio y finalmente construimos la parte de pensionados, donde tenemos la matera que se usa la gente los fines de semana, más que nada para pasear con sus caballos”.
En el centro de entrenamiento también se dan clases para niños de cinco años en adelante, que están a cargo de Yanina Davico, su mujer. “Es un lugar donde la gente viene a pasar el día y ve cómo se entrenan sus caballos. Viene muchos alumnos también para lo que es la competencia de rienda Felipe Z. Ballester, clases que doy yo”, comenta.
Sobre su enseñanza y las diferentes prácticas que lleva adelante, García Alonso asegura que “no hay ni mejor ni peor domador, lo que se ve es la impronta que uno le deja”. “En ese aspecto trato de dejar serenidad, rectitud, buena boca, ponerlos sobre las patas y que estén para adelante. Eso es lo que más busco, que los caballos estén entregados”, cierra, convencido de llevar adelante las palabras que le dejó como herencia su abuelo, ese hombre campero, de pura cepa, al que recuerda tanto en cada doma.

Pablo Noto.

Equitación Campera. El centro se ubica a pocos metros de la bajada del kilómetro 53 de la Au. Acceso Oeste. Precisamente en las calles Macedonio Fernández y Sarmiento, en el partido de General Rodríguez. El lugar cuenta con una pista de 70 por 20 metros, un corral de 30 metros de diámetro y otro más chico de 11, capacidad de 34 boxes, 6 corrales/piquetes y una pista de vareo. CONTACTO: www.equitacioncampera.com | info@equitacioncampera.com

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