A caballo de Buenos Aires a Salta

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Joaquín Ortelli es oriundo de Capital Federal, su infancia transcurrió alternando entre la ciudad y el campo de los abuelos. La relación con los caballos fue temprana y el amor lo conoció cuando niño, con su primer amigo “Caracol”. El transcurrir del tiempo lo llevo a crecer y desarrollarse un poco aquí y otro tanto allá. Pero el destino iluminó un sueño que se le había criado en el pecho, entonces decidió vivirlo junto a si primo y cuatro caballos. En el 2011 Decidieron unir Buenos Aires y Salta, viajando como se hacía en el siglo XIX. Recorrieron 1900 Km por caminos secundarios de tierra, banquinas de ruta y caminos de herradura. Y para que el viaje no termine nunca, la travesía late en las hojas de un libro y las fotos dan buena fe.

 

¿Cómo nace la idea de hacer semejante viaje?

-La idea nace un año y pico antes de iniciar finalmente el viaje. Nace, pero se desarrolla en dos etapas. Charlando con un amigo en una fiesta de casamiento, surge la charla sobre cómo ir a otro casamiento que se festejaba en la ciudad de Salta. Entre las diferentes formas de pergeñar como haríamos ese viaje… yo tire la opción de hacerlo a caballo y ahí nació esa idea que me llevo hasta averiguar y todo, pero el tiempo no era el suficiente para cumplir con el compromiso. Nos fuimos en auto pero nos llevamos un recado para hacer una cabalgata y no conseguimos nada semejante a lo que teníamos como plan. Resolvimos pesca en el Río Bermejo y luego regresar.
Paso un año hasta la segunda etapa. Mi situación laboral no era la misma en cuanto a los tiempos que me permitirían viajar con comodidad. Sin embargo, una tarde tomando mates en el balcón de mi vieja, en capital federal, veo pasar una bandada de pájaros volando hacia el este y me acorde del viaje a caballo a Salta y me dije: -Ahora sí, ahora es el momento.-
Hable con mi primo que estaba trabajando en un campo en Tandil, con quien habíamos hablado de hacer algo, pero nada que ver con esto y respondió que sí. A los dos meses y medios estábamos en marcha.-

¿Cómo es el armado de lo referido a la logística de rutas, caminos y demás preparativos?

-Lo primero fue buscar en internet todo lo referido a algún viaje de esta índole, también en librerías alguna bibliografía sobre travesías a caballo, nada… salvo el famoso viaje de Gato y Mancha (guiados por el profesor suizo Aimé Félix Tschiffely) que ya había leído y no mucho más. Esto me provocó el deseo certero de hacer un libro y dejar plasmada la experiencia del viaje.
Quien nos fue de mucha ayuda fue una gente de Las Flores que hicieron para el bicentenario de la patria, todos los cabildos de Jujuy a Buenos Aires a caballo, filmaron un documental y todo.  Encontré como contacto a Enrique Martinolli, el más viejo del grupo, un hombre de setenta años con quien me encontré un par de veces. Viajó a capital, luego yo a Las Flores y vimos juntos el tema del mapa. Lugares que ellos habían pasado, mejores horarios para viajar y para descansar, consejos varios y a la ruta.-

¿Y los caballos?

-Los de mi primo estaban en el campo, había dos más, pero no creímos prudente el viaje ya que estaban muy gordos y pesados. Yo compre dos caballos, los traje de Las Flores, un criollo y un mestizo. En ese periodo de dos meses y medio antes de salir, ambos renunciamos a nuestros trabajos, empezamos a andar un poco los caballos en Estación Las Palmas, localidad de Lima, partido de Zarate, provincia de Buenos Aires. Compramos alforjas de viaje ya que la idea era ir en uno montado y el otro a tiro con la carga para luego ir rotando. El siete de enero del 2011, con dos caballos cada uno, salimos.-

¿Imagino que el hecho de elegir caminos alternativos los fue introduciendo en pueblos, barrios y lugares con diferentes historias?

-Y si, te vas adentrando por el “interior en serio”. Saliendo del infierno de la ruta, entramos en los parajes, vimos casi todas las estaciones del ferrocarril, muchos de esos caminos eran bordeando el ferrocarril. En un muy alto porcentaje estaciones abandonadas, o funcionando como bibliotecas, en una hasta una pinturería funcionaba, también bares, etc. Ninguna tenía venta de pasajes.
De eso cuanto mucho en el libro ya que nos fue muy notoria la descentralización de los pueblos y la mayor concentración en capital. Ojala vuelvan los trenes antes que desaparezcan los pueblos.-

¿Cuántos kilómetros recorrían a la hora de viajar?

-Los días buenos en promedio eran 30Km en dos tramos. Arrancamos yendo un poco al trote y tranco. Llegando al límite de Buenos Aires con Santa Fe, tuvimos dos mataduras en los caballos de mi primo. Aprendimos a curarlos y desde ahí solo tranco.-

¿Lógicamente surgieron algunos problemas que como bien decís aprendieron a solucionar, por ejemplo?

-Seguimos andando gracias a que nos enseñaron a curarlos, haciendo algunos recortes en las matras, como hacer para no apoyar. Cambiamos los bastos por lomillo patero, de esa forma al caballo le entra bien el aire en toda la cruz hasta el anca, entonces apoya mejor.
Abandonamos muchas pertenencias de la carga inicial, luego un tío la rescató y desde ese momento empezamos a viajar con lo mínimo indispensable. Achicamos todo al máximo, por ejemplo, no más platos… mi primo comía en la olla y yo en la tapa.-

¿Cómo manejaban los horarios de viaje y descanso, cual era la estrategia de preparar la noche que los iba a cobijar?

-Salíamos bien temprano, antes del amaneces para agarrar la fresca. Cerca del medio día tratábamos de parar porque el calor ya era insoportable. Por la tarde noche, antes de que oscurezca del todo ya buscábamos lugar donde parar y pedir permiso para soltar los caballos en algún potrero y de esa forma los paisanos podían vernos las caras. Por aquella época ya existía inseguridad y tratábamos de explicar quienes éramos, cual era nuestro propósito y solo pedíamos lugar para los caballos y para acampar. En general siempre nos dieron la bienvenida en todos lados. Algunos ofrecían galpones para los pingos y para nosotros también. Otros… en general los que menos tienen, nos dieron el cuarto de sus hijos, ventilador y comida.
Lo fundamental para nosotros era poder lavarnos a cabeza como sea. Ayudaba la circulación de la sangre y salíamos frescos para enfrentar los nuevos polvos del próximo camino. Talco en las bolas para no pasparse y a seguir.-

¿Con respecto a los caballos requerían algún cuidado en particular?

-Fuimos aprendiendo muchas cosas en el mismísimo andar. Había tramos que los llevábamos a tiro, la última hora de cada tramo la caminábamos juntos a los caballos para que llegasen bien descansados y para que se dedicasen únicamente a comer. Bañarlos luego del mucho calor, lavar bien las pilchas, cosas que con el andar del viaje fuimos dándole cada vez más importancia por el cuidado y el rendimiento de nuestros compañeros.-

¿Cómo sobrellevaron la buena relación, cuando el humor, el ánimo y las ganas no eran las mismas de siempre?

-A diferencia de lo que se puede interpretar, cuando decidimos ir con el  tranco natural del caballo, arrancábamos juntos y nos íbamos separando según el rimo de cada animal. La mayor parte nos acompañaba el silencio. Nos íbamos avisando donde y cuando íbamos a parar, ahí nos juntábamos a compartir, charlar e intercambiar tomas de decisiones. Lógicamente algunas cosas fueron quedando sin cerrar y tuvimos alguna pelea, una muy fuerte en Santiago del Estero, noche regada de algunos tragos, discusión tonta y bueno… gran anécdota con la vendedora de salchichas parrilleras que está reflejada en el libro con lujo de detalles.-

¿Cómo fue la metodología de ir escribiendo en pleno viaje?

-Fui tomando notas, siempre que nos tirábamos al medio día, mientras mi primo descansaba un rato más, yo aprovechaba para matear y escribir. Apuntaba la fecha, el lugar y cosas que creía conveniente contar de lo que nos iba sucediendo e íbamos vivenciando.  Después al regreso, vino la etapa de transcribirlo y fue que me lo tomé como un trabajo. Entonces me busque un laburo de medio día… para por la tarde dedicarme a trabajar en el libro. Me llevo un par de años eso, luego cinco meses más con una correctora que me presentaron en la editorial para el ensamble final.-

Charlar con Joaquín es encantador, es un tipo tranquilo que relata sus historias con profunda pasión, pero con ritmo sereno, como el tranco de sus caballos en la mayoría del andar desde que partieron de Buenos Aires para llegar a Salta. Un sueño realizado junto a su primo “Toti” y dos caballos más. Aquella travesía que vio la luz cual chiste loco y pasajero, pero que en su interior había abierto una huella que indefectiblemente, más acá o más allá en el tiempo, había que transitar.
El libro es altamente recomendable para todos los viajeros. Tiene un formato  de “Diario de Viaje” donde los párrafos cortos y atrapantes se suceden con la precisa información de la fecha y lugar donde fueron transcurriendo los hechos. Hay historias y personajes que en verdad abrazan al lector, invitándolo a sentir las vivencias, recorriendo los caminos y atravesando pueblos. Además cuenta con la oportunidad de conocer (por propia iniciativa del autor) muchas palabras y expresiones de nuestra cultura gauchesca, transformándolo en un pintoresco diccionario muy enriquecedor.

En pocas palabras, los relatos brindan la sensación de estar viajando con Joaquín, Toti y sus entrañables amigos. Pero aún hay algo mucho mejor… si prestamos atención, cabe la posibilidad de sentir en nuestro interior, las mismas ganas de echarse a andar.

Diego Tavicco

 

Fragmento del Prólogo:

Este relato intenta reconstruir la odisea vivida por dos primos, saliendo de Buenos Aires para llegar a Salta a caballo, pero lo que logra es transportarnos a un viaje fuera del tiempo y abre los ojos para encontrarnos con una realidad argentina de la que no estamos acostumbrados a oír. Es un vaivén entre el presente de estos dos muchachos argentinos y porteños, pero amantes del campo, tratando de sortear los obstáculos que cada día surgen, viviendo con dos alforjas, montados casi 10 horas al día, durante más de tres meses; y el pasado: casi oliendo los perfumes y sintiendo los sonidos de los paisajes del interior de nuestro país, recorriendo el camino Real, conociendo los lugares por donde pasaron los que hicieron su historia, como San Martín, Sarmiento y Atahualpa Yupanqui, descubriendo a sus gentes, que hoy la hacen ser lo que es.

Librerías donde conseguir el Libro: A Caballo De Buenos Aires A Salta.
C.A.B.A. Librería Juncal (Talcahuano 1288)
Pcia. Buenos Aires: En la Vuelta de Gato, frente al Parque Criollo (San Antonio de Areco)
Pcia. Corrientes: Librería Capítulo 1 (Mendoza 750)
Ciudad de Goya: Café Cultural Barcelona (Colón 871)
Pcia. Córdoba: Librería y Café del Alba (9 de Julio 482)
Pcia. De Santa Fe: Ciudad de Casilda, Ramos generales “El Abrojo” (Mendoza 2219)

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